Es para mí un honor, una responsabilidad gustosa y una oportunidad agradecida disertar para ustedes el tema: las leyes de reforma.
¡Imposible hubiera sido la construcción de nuestro moderno estado Mexicano sin las leyes de reforma¡
Visionarias y muy necesarias para unos, herejes y peligrosas para otros, controversiales para todos como sello distintivo, pero… ¿de donde viene la importancia de unas leyes promulgadas hace 150 años para todos los mexicanos de hoy en día?
Para responder esta interrogante es necesario ubicarnos en aquel tiempo para que sea a través de la historia que comprendamos la importancia que estas leyes y su cabal cumplimiento tienen.
Nacionalización de los bienes del clero, separación de la iglesia y el estado, prohibición de la asistencia oficial a ceremonias religiosas, exclaustración del clero regular y extinción de corporaciones eclesiásticas, además del establecimiento del registro civil de nacimientos, matrimonios y defunciones junto con la secularización de cementerios; he aquí la esencia de las leyes de reforma.
Desde la conquista de México en 1521, la iglesia católica no solo intervenía abiertamente en el gobierno del país sino que también tenia el control de una gran diversidad de asuntos publicos porque solo la iglesia había tenido en sus manos la forma de llevar el control de bienes y de registros, además de su poder para mantener en la obediencia a través del miedo a la ira divina a la población civil.
Así que ubicándonos en ese tiempo y partiendo de la base del dominio que la iglesia ejercía sobre los asuntos públicos y la sociedad entera el solo pensar en desafiar a la autoridad eclesiástica era una hazaña sobrehumana; pero no era únicamente el clero quien ostentaba poder mundano ilimitado y acumulaba riquezas excesivas también estaban los militares y los grandes terratenientes interesados en mantener el Status Quo en medio de una sociedad casi feudal.
¡Religión y fueros! O intolerancia religiosa y trato privilegiado al clero y al ejercito, eso era lo normal.
La religión y la política eran indisociables en medio de una sociedad acostumbrada a la inercia.
Así pues nuestro país era dominado por una vetusta, rígida y anacrónica estructura teocrático-militar y esa tendencia continuo hasta que surgió de la mano de un gran hombre, de un héroe nacional, del Benemérito de las Ameritas, el presidente Benito Juárez una propuesta diferente una solución mas justa para la mayoría, la de las Leyes de Reforma y asi fue que después de grandes trasiegos y sacrificios los principios libertad y reforma se impusieron sobre aquellos de religión y fueros.
¡Se rompió la inercia! ¡Se disociaron la iglesia y el estado! ¡Surgió el estado laico! y a partir de entonces comenzó una lucha en pro de la defensa de la legalidad, por el poder político y civil de los ciudadanos y la construcción de un régimen positivo para la nación, se modernizo el pensamiento político pero también se adquirió un enorme desafió: favorecer la convivencia armoniosa y respetar la pluralidad.
Es importante dejar en claro que se respeto a la religión católica pero se acabo con la religión de estado que era un lastre para el progreso pues se prohibió expresamente a los ministros de culto intervenir en asuntos políticos.
En el 2009 las Leyes de reforma son el origen de las libertades y derechos que todos gozamos como la tolerancia, los derechos del hombre, derechos de enseñanza, prensa, trabajo, reunión y de libertad de cultos; todo esto porque en las leyes de reforma fueron plasmados valores trascendentales y vigentes. Y por eso no es cosa menor recordar la importancia de esta conquista porque aun hoy la lucha por mantenerla sigue y en este momento es nuestro deber, responsabilidad y derecho exigir que se respeten y cumplan pues continúan siendo un pilar de la sociedad y el gobierno y su incumplimiento o modificación solo resultaría un retroceso para todos.
Por ultimo no olvidemos destacar la importancia de la historia porque nos enseña la actualidad que estas patrióticas leyes tienen y el porque vale la pena reflexionar en ellas para no perder las conquistas populares ganadas con la muerte, sacrificio y sufrimiento de nuestros antecesores.
sábado, 13 de febrero de 2010
sábado, 16 de enero de 2010
Las 10 competencias de Philippe Perrenoud
Reseña profesional del Dr. Philippe Perrenoud
"En el fondo, es manifestar el máximo de aprecio que pueda tenerse por los conocimientos y poder transformarlos en competencias".
El Doctor Philippe Perrenoud es doctor en sociología y antropología y profesor en la Universidad de Ginebra. Sus trabajos sobre la creación de desigualdades y de fracaso escolar lo han llevado a interesarse por la diferenciación de la enseñanza y, de forma más global, por el currículo, el trabajo escolar y las prácticas pedagógicas, la innovación y la formación de los enseñantes. Junto con Mónica Gather Thurler ha creado el laboratorio de investigación Innovation-Formation-Education (LIFE).
Ha desarrollado una importante producción relacionada con la formación de docentes
reflexivos. Se trata de un especialista en educación profusamente leído en nuestras
instituciones formadoras, tanto entre los profesores y estudiantes de los institutos de
formación docente, como en la comunidad de las universidades nacionales. Sin embargo, su labor académica no se ha limitado a ese campo. También es ampliamente conocido por su trabajo acerca de la prevención de la violencia escolar y social y del problema de las desigualdades educativas, lo cual lo transforma en un importante referente no solamente del campo de la formación sino de la producción en torno a los desafíos del sistema educativo del futuro.
Es autor de varios libros:
Métier d'élève et sens du travail scolaire (ESF).
La pédagogie à l'école des différences (ESF).
La construcción del éxito y del fracaso escolar (Morata).
Diez nuevas competencias para enseñar. Invitación al viaje. Barcelona: Graó,
2004. (Título original: Dix nouvelles compétences pour enseigner. Invitation au voyage,)
Este libro es un referente coherente, argumentado y orientado hacia el futuro aunque,
sobre todo, es una invitación al viaje, una guía destinada al profesorado de primaria y
secundaria que busca comprender hacia dónde se dirige el oficio de enseñar.
En la obra se describen minuciosamente diez grandes familias de competencias:
1. Organizar y animar situaciones de aprendizaje,
2. Gestionar la progresión de los aprendizajes,
3. Elaborar y hacer evolucionar dispositivos de diferenciación,
4. Implicar al alumnado en su aprendizaje y en su trabajo,
5. Trabajar en equipo,
6. Participar en la gestión de la escuela,
7. Informar e implicar a los padres y madres,
8. Utilizar las nuevas tecnologías,
9. Afrontar los deberes y los dilemas éticos de la profesión y
10. Organizar la formación continua.
Diez nuevas competencias para enseñar describe un futuro posible y deseable para
la profesión docente.
Las sucesivas reformas del sistema educativo aún no han conseguido resultados satisfactorios. Allí reside lo fundamental. La escuela "puede mejorar". Para tener el valor de volver a poner la obra sobre el oficio, quizá, se tienen que crear nuevas palabras clave, para darnos la impresión de que hoy lo que está en juego, es un nuevo reto. No nos equivoquemos: si la lengua es nueva, el enfoque por competencias responde a una verdad y antiguo problema de la escuela.
En el mejor de los casos, los jóvenes son "sabios", cuando salen de la escuela. Pero no son necesariamente competentes. Es decir: no aprendieron a movilizar sus conocimientos fuera de las situaciones de examen. Lo que saben sólo les es útil fuera de la escuela, si llegan a definir, activar y a coordinar sus conocimientos, o incluso a trasferirlos para idear soluciones originales, cuando la situación exige el ir a más allá de los conocimientos establecidos. Se ha comprendido mejor hoy por hoy que esta movilización no se da espontáneamente, a la voluntad de la experiencia. Esto es algo que todavía está en juego a nivel principal en la formación profesional.
El nuevo hecho que preocupa en adelante es lo que pasa a partir de la escolaridad básica. hay, detrás de las reformas del currículo en términos de competencias, una toma y quizá una crisis de consciencia. La escuela acapara muchos años de la vida de cada uno, prometiéndole que esta inversión va a ser útil. La desilusión es acentuada por el hecho de que, después de un siglo, la escolarización no ha dejado de ampliarse; se pusieron cada vez durante más años más jóvenes en la escuela. Los obstáculos al acceso a la escuela ampliamente se han superado hoy en los países desarrollados. La cuestión consiste ahora en saber si lo que se aprende justifica los largos años que ahí se pasan. La cuestión no se plantea para los que aprenden a pesar de toda pedagogía, sino para el mayor número. En una sociedad moderna, se considera que todos necesitan conocimientos y competencias. ¿Por qué hay tantos jóvenes que, después de diez años pasados en la escuela, no saben verdaderamente leer? ¿Y por qué los que pasaron exámenes no llegan a servirse de su conocimiento en la vida, por ejemplo para tomar cuidado de su salud o para incluir lo que está en juego a niveles políticos? Es un nuevo reto. Ahora que la escuela existe y afecta todo el mundo, es necesario procurar que alcance sus objetivos casi para todos o todos.
Una competencia es una capacidad de acción eficaz frente a una familia de situaciones, quien llega a dominarla esporque se dispone a la vez de los conocimientos
necesarios y de la capacidad de movilizarlos con buen juicio, a su debido tiempo, para
definir y solucionar verdaderos problemas.
En la vida, por ejemplo, cada uno se enfrenta a situaciones en las cuales se debe saber
discutir para obtener lo que se quiere: explicarse, obtener información, justificar su
comportamiento, hacer incluir sus opciones, defender sus derechos y su autonomía. Son situaciones banales, que se encuentran en el trabajo, en la familia, en la vida de la ciudad. La argumentación está en juego a niveles familiares, escolares, profesionales, económicos, políticos y jurídicos. Cuando se debe justificar la custodia de sus hijos en un proceso de divorcio, es obviamente más importante que el explicar a un amigo porqué le gusta o no gusta Céline Dion. Estas situaciones tienen no obstante conjuntamente el hecho de que discutir es un medio de acción o influencia. Discutir no consiste en preparar una bonita declaración. Es necesario ser capaz de responder a las objeciones, de desarrollar el razonamiento, pensar de manera diferente de los otros, de percibir sus propias ambivalencias y contradicciones. Es una competencia que de poder apoyar su opinión sin huir de la confrontación, escuchando otros, teniendo en cuenta su dictamen, haciendo compromisos cuando es necesario tomar decisiones. La adquisición de esta competencia requiere de algunos conocimientos, sobre el fondo así como lingüísticas y psico - sociológicas, pero no sirven de nada si no se puede movilizarlos ante un interlocutor y construir una "estrategia argumentativa" eficaz,
adaptada al contenido, al momento y al destinatario.
Algunas competencias movilizan numerosos conocimientos escolares, otros recurren a
otros tipos de conocimientos, más vinculados a contextos de acción particulares. La
competencia de argumentación recurre a menudo a conocimientos de la experiencia, a
conocimientos "psico- linguísticos" que no se enseñan en la escuela básica. Trabajar tal competencia en la escuela no puede pues resumirse en proporcionar una cultura amplia y general, aún menos en eximir algunos conocimientos procesales sobre la argumentación. Se trata de entrenar en la argumentación, haciendo variar los contextos y lo que está en juego. Se encuentra en la misma línea que la de una pedagogía de la lengua como herramienta de comunicación. Otras competencias, por ejemplo las financieras (administrar el presupuesto, decidir un plan de ahorro o de una inversión, prever el importe de sus impuestos o gastar sin estar en cifras rojas), recurren a conocimientos matemáticos, al concepto de interés, a distintas operaciones, así como a conocimientos jurídicos y comerciales. Se adquiere una parte de estos conocimientos en la escuela. Hay siempre conocimientos "bajo" una competencia, pero no bastan. Una competencia es algo que se sabe hacer. Pero no es un simple saber hacer, es un "saber hacer - ahí ", una habilidad. Es una capacidad estratégica, indispensable en las situaciones complejas. La competencia nunca se reduce a conocimientos procesales
codificados y aprendidos como normas, aunque se sirve de ellos cuando es pertinente.
Juzgar de la pertinencia de la norma forma parte de la competencia.
"En el fondo, es manifestar el máximo de aprecio que pueda tenerse por los conocimientos y poder transformarlos en competencias".
El Doctor Philippe Perrenoud es doctor en sociología y antropología y profesor en la Universidad de Ginebra. Sus trabajos sobre la creación de desigualdades y de fracaso escolar lo han llevado a interesarse por la diferenciación de la enseñanza y, de forma más global, por el currículo, el trabajo escolar y las prácticas pedagógicas, la innovación y la formación de los enseñantes. Junto con Mónica Gather Thurler ha creado el laboratorio de investigación Innovation-Formation-Education (LIFE).
Ha desarrollado una importante producción relacionada con la formación de docentes
reflexivos. Se trata de un especialista en educación profusamente leído en nuestras
instituciones formadoras, tanto entre los profesores y estudiantes de los institutos de
formación docente, como en la comunidad de las universidades nacionales. Sin embargo, su labor académica no se ha limitado a ese campo. También es ampliamente conocido por su trabajo acerca de la prevención de la violencia escolar y social y del problema de las desigualdades educativas, lo cual lo transforma en un importante referente no solamente del campo de la formación sino de la producción en torno a los desafíos del sistema educativo del futuro.
Es autor de varios libros:
Métier d'élève et sens du travail scolaire (ESF).
La pédagogie à l'école des différences (ESF).
La construcción del éxito y del fracaso escolar (Morata).
Diez nuevas competencias para enseñar. Invitación al viaje. Barcelona: Graó,
2004. (Título original: Dix nouvelles compétences pour enseigner. Invitation au voyage,)
Este libro es un referente coherente, argumentado y orientado hacia el futuro aunque,
sobre todo, es una invitación al viaje, una guía destinada al profesorado de primaria y
secundaria que busca comprender hacia dónde se dirige el oficio de enseñar.
En la obra se describen minuciosamente diez grandes familias de competencias:
1. Organizar y animar situaciones de aprendizaje,
2. Gestionar la progresión de los aprendizajes,
3. Elaborar y hacer evolucionar dispositivos de diferenciación,
4. Implicar al alumnado en su aprendizaje y en su trabajo,
5. Trabajar en equipo,
6. Participar en la gestión de la escuela,
7. Informar e implicar a los padres y madres,
8. Utilizar las nuevas tecnologías,
9. Afrontar los deberes y los dilemas éticos de la profesión y
10. Organizar la formación continua.
Diez nuevas competencias para enseñar describe un futuro posible y deseable para
la profesión docente.
Las sucesivas reformas del sistema educativo aún no han conseguido resultados satisfactorios. Allí reside lo fundamental. La escuela "puede mejorar". Para tener el valor de volver a poner la obra sobre el oficio, quizá, se tienen que crear nuevas palabras clave, para darnos la impresión de que hoy lo que está en juego, es un nuevo reto. No nos equivoquemos: si la lengua es nueva, el enfoque por competencias responde a una verdad y antiguo problema de la escuela.
En el mejor de los casos, los jóvenes son "sabios", cuando salen de la escuela. Pero no son necesariamente competentes. Es decir: no aprendieron a movilizar sus conocimientos fuera de las situaciones de examen. Lo que saben sólo les es útil fuera de la escuela, si llegan a definir, activar y a coordinar sus conocimientos, o incluso a trasferirlos para idear soluciones originales, cuando la situación exige el ir a más allá de los conocimientos establecidos. Se ha comprendido mejor hoy por hoy que esta movilización no se da espontáneamente, a la voluntad de la experiencia. Esto es algo que todavía está en juego a nivel principal en la formación profesional.
El nuevo hecho que preocupa en adelante es lo que pasa a partir de la escolaridad básica. hay, detrás de las reformas del currículo en términos de competencias, una toma y quizá una crisis de consciencia. La escuela acapara muchos años de la vida de cada uno, prometiéndole que esta inversión va a ser útil. La desilusión es acentuada por el hecho de que, después de un siglo, la escolarización no ha dejado de ampliarse; se pusieron cada vez durante más años más jóvenes en la escuela. Los obstáculos al acceso a la escuela ampliamente se han superado hoy en los países desarrollados. La cuestión consiste ahora en saber si lo que se aprende justifica los largos años que ahí se pasan. La cuestión no se plantea para los que aprenden a pesar de toda pedagogía, sino para el mayor número. En una sociedad moderna, se considera que todos necesitan conocimientos y competencias. ¿Por qué hay tantos jóvenes que, después de diez años pasados en la escuela, no saben verdaderamente leer? ¿Y por qué los que pasaron exámenes no llegan a servirse de su conocimiento en la vida, por ejemplo para tomar cuidado de su salud o para incluir lo que está en juego a niveles políticos? Es un nuevo reto. Ahora que la escuela existe y afecta todo el mundo, es necesario procurar que alcance sus objetivos casi para todos o todos.
Una competencia es una capacidad de acción eficaz frente a una familia de situaciones, quien llega a dominarla esporque se dispone a la vez de los conocimientos
necesarios y de la capacidad de movilizarlos con buen juicio, a su debido tiempo, para
definir y solucionar verdaderos problemas.
En la vida, por ejemplo, cada uno se enfrenta a situaciones en las cuales se debe saber
discutir para obtener lo que se quiere: explicarse, obtener información, justificar su
comportamiento, hacer incluir sus opciones, defender sus derechos y su autonomía. Son situaciones banales, que se encuentran en el trabajo, en la familia, en la vida de la ciudad. La argumentación está en juego a niveles familiares, escolares, profesionales, económicos, políticos y jurídicos. Cuando se debe justificar la custodia de sus hijos en un proceso de divorcio, es obviamente más importante que el explicar a un amigo porqué le gusta o no gusta Céline Dion. Estas situaciones tienen no obstante conjuntamente el hecho de que discutir es un medio de acción o influencia. Discutir no consiste en preparar una bonita declaración. Es necesario ser capaz de responder a las objeciones, de desarrollar el razonamiento, pensar de manera diferente de los otros, de percibir sus propias ambivalencias y contradicciones. Es una competencia que de poder apoyar su opinión sin huir de la confrontación, escuchando otros, teniendo en cuenta su dictamen, haciendo compromisos cuando es necesario tomar decisiones. La adquisición de esta competencia requiere de algunos conocimientos, sobre el fondo así como lingüísticas y psico - sociológicas, pero no sirven de nada si no se puede movilizarlos ante un interlocutor y construir una "estrategia argumentativa" eficaz,
adaptada al contenido, al momento y al destinatario.
Algunas competencias movilizan numerosos conocimientos escolares, otros recurren a
otros tipos de conocimientos, más vinculados a contextos de acción particulares. La
competencia de argumentación recurre a menudo a conocimientos de la experiencia, a
conocimientos "psico- linguísticos" que no se enseñan en la escuela básica. Trabajar tal competencia en la escuela no puede pues resumirse en proporcionar una cultura amplia y general, aún menos en eximir algunos conocimientos procesales sobre la argumentación. Se trata de entrenar en la argumentación, haciendo variar los contextos y lo que está en juego. Se encuentra en la misma línea que la de una pedagogía de la lengua como herramienta de comunicación. Otras competencias, por ejemplo las financieras (administrar el presupuesto, decidir un plan de ahorro o de una inversión, prever el importe de sus impuestos o gastar sin estar en cifras rojas), recurren a conocimientos matemáticos, al concepto de interés, a distintas operaciones, así como a conocimientos jurídicos y comerciales. Se adquiere una parte de estos conocimientos en la escuela. Hay siempre conocimientos "bajo" una competencia, pero no bastan. Una competencia es algo que se sabe hacer. Pero no es un simple saber hacer, es un "saber hacer - ahí ", una habilidad. Es una capacidad estratégica, indispensable en las situaciones complejas. La competencia nunca se reduce a conocimientos procesales
codificados y aprendidos como normas, aunque se sirve de ellos cuando es pertinente.
Juzgar de la pertinencia de la norma forma parte de la competencia.
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